Hubo un tiempo en el que el Barcelona se aferraba a la pelota. Hoy se aferra a Messi. No sabemos qué dirá Xavi de esta victoria en la que el Barça perdió la pelota, pero ganó en el marcador. Los de Valverde sufrieron y escondieron como un tesoro el gol de falta de Leo, otro más, que dejan al Atlético a 8 puntos en la lucha por el título de Liga. Nueve sumando el average.  Mereció más el Atlético por su actitud, pero no por su fútbol. No creó una ocasión clara en los 90 minutos, pero cierto es que Simeone puso todos los ingredientes para hacerlo.

Barcelona y Atlético representan mucho más que dos estilos de fútbol. Dos formas de entender la vida. El Atlético busca competir. El Barcelona, convencer. Para unos el balón es un medio y para los otros es un fin. Pero es curiosa la evolución porque hoy son los rojiblancos lo que se aferran a una idea y los azulgrana, a un jugador. Cholismo o Messi. Dos propuestas tan lícitas como elogiables.

De inicio ninguno se guardó nada. Valverde y Cholo fueron fieles a su identidad futbolística. Perfume en el Barça: Iniesta, Coutinho, Messi, Suárez, Busquets, Rakitic… Sudor en el Atlético: Thomas, Gabi, Saúl, Koke, Godín, Giménez… El partido, de indudable jerarquía por los rivales y lo que había en juego, amaneció con un precioso homenaje a Quini. Y con el Atlético de amarillo. Si Luis Aragonés levantáse la cabeza… Pero así ganó la Liga en 2014 en el Camp Nou con aquel córner de Godín. La baraka del Cholo…

El encuentro comenzó con cuatro córners en diez minutos del Barcelona. Acoso, tan esperado como improductivo. Los dos tenían el partido donde querían. El Barça en el centro del ring, el Atlético bailando a su alrededor. Posesión y territorialidad. El partido lo gobernaban los locales, pero donde el Atlético proponía. Los de Simeone ejercían una presión selectiva para ahogar la salida del balón y después escalonaban su mediocampo poblando la zona de influencia de Messi, que no compareció en el duelo hasta el minuto 20.

Segundos después, el partido sufrió un incidente relevante. Iniesta peleó un balón con Vrasljko y notó un pinchazo. Hasta había catalizado el juego culé. Andrés tomó una decisión crítica para el choque: aguantar en el campo diez minutos. Lo justo para que el Barcelona desequilibrase el marcador y la elección de su sustituto por parte de Valverde se realizó con otro escenario diferente. Salió André Gomes, que se acostó a la derecha, enviando a Coutinho a la izquierda, lo cual liberó al brasileño. Una decisión, la de aguantar unos minutos el cambio, crucial en un partido de máxima exigencia táctica.

Pero aún con Iniesta en el campo se produjo la jugada que hizo saltar el tablero por los aires. Corría el minuto 25 cuando Messi caracoleó al borde del área ante un Thomas que cayó en la trampa metiendo el pie. Error mayúsculo con un Messi en estado de gracia en el lanzamiento de faltas. Rosca tocadita, pelota llovida por encima de la barrera y caída a la escuadra de la barrera, donde Oblak no pudo más que tocar sin evitar el gol. Plantarte ante el Barça durante 90 minutos y confiar en que no te va a tocar la mandíbula es un ejercicio de fe. Puedes tener la autoestima por los aires, como el Atlético del Cholo, pero no hay receta para frenar a este Barça que flota como una mariposa y en el que Messi pica como una avispa. Con el marcador en contra, Simeone afiló su planteamiento, sin alterar los protagonistas. Equilibrado el Barcelona en un 4-4-2, afilado el Atlético con un 4-2-3-1.

En la segunda parte Simeone tiró de la manta y se destapó la cabeza para llevar el partido al área rival. Comenzó a pisar el Atlético los dominios de Ter Stegen. Cholo cambió a Vrsaljko por Correa, pasando a Thomas al lateral derecho, a Koke al medio con Gabi y a Correa a la orilla derecha del ataque. El escenario era sustancialmente diferente. El Barcelona choleaba y el Atlético barcelonaba. Monopolizada la posesión rojiblanca, los culés se aculaban tocados, sin duda, por la baja de Iniesta, vestigio, junto a Busquets y Piqué, del Barcelona que enamoraba. Simeone se echaba al monte con otro cambio ambicioso: Gameiro por Gabi. Comenzaba a madurarse el empate…

Cholo elegía morir de pie proponiendo una ruleta rusa que le pudo salir cara. La valentía atlética no se traducía en ocasiones, mientras Oblak se sacaba de encima una volea de Busquets. El final del choque se convertía en un duelo de desmayos: Griezmann, Coutinho, Diego Costa, Luis Suárez… Una suerte, la de la simulación, que se castiga poco en el fútbol español. Pudo empatar el Atlético en el primer lanzamiento serio a portería: gol de Gameiro. Pero la jugaba venía de fuera de juego de Costa.

La Liga pasaba por un partido que resultó un duelo para adultos, de dos rombos. Áspero, sufrido y pragmático. No tuvo un fútbol preciosista, pero hubo intensidad y emoción El Barça terminó choleando, disfrazando su fútbol de alta escuela de juego esforzado en la segunda parte. Y lo decidió el de siempre. Porque el fútbol es un juego en que juegan once contra once y siempre decide Messi.

 

 

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