El Chelsea juega en Barcelona, en lo que es un clásico moderno de la Copa de Europa. Un partido que remite a una goleada con prórroga liderada por Figo vestido todavía de azulgrana y con el Txapi Ferrer jugando de azul. Un duelo que evoca a un golazo de Ronaldinho en Stamford Bridge y a un partidazo de Gudjhonsen cuando aun jugaba para los del campo más incomodo de la Premier. Un partido que recuerda a malas actuaciones arbitrales, como la de un tipo que no pito una falta de Terry a Valdés que terminó en gol, o la de otro al que le dieron hasta en el carnet de identidad por un penalti que no pitó al Barça. Por supuesto, no me acuerdo de sus nombres.

Recuerdo el gol de Torres en el Camp Nou y una entrada criminal de Del Horno a Messi, en el cornér del gimnasio, en Stamford, sobreexcitado el vasco, seguramente, por las órdenes de Mourinho. Recuerdo al Camp Nou cantándole a Mou que se fuera al teatro -“¡Vete al Teatro, Mourinho, vete al teatro!”- y varias noches de Messi, incluida la de un penalti fallado. Y claro, el histórico gol de Iniesta en Londres, que no vi porque me pillo subiendo de la sala de prensa con Segurola, que es enorme en toda la extensión de la palabra y me tapó la portería.

Todo esto si la memoria no me falla es un Chelsea-Barça, o un Barça-Chelsea.

Y Figo comiendo gominolas en el aeropuerto, volviendo a casa tras un 3-1 con Unzúe y Eusebio preguntándome por qué el Txingu se iba del Athletic cuando Lamikiz le hacia la vida imposible. Recuerdos de un partido que habla de la historia reciente de la Premier League, que rezuma Champions, pero que en esta ocasión marcará la temporada para Conte y la vida para Valverde, quien por vez primera en su carrera se ve en una de estas: a un gol de los cuartos de la mayor competición del mundo. Para Conte puede ser el último europeo con un equipo al que ha hecho campeón y ha convertido en una tortilla de somníferos.

Viaja el Chelsea, con cierta sensación de que su vestuario vive como juega: aburrido y de mal rollo. Ganaron los de Conte al Crystal Palace. Es 5º, a cuatro puntos del 4º, el Liverpool, así que ahora mismo están fuera de Europa. Y aunque jugaron mejor que una semana antes en el Etihad, siguen aburriendo y aburriéndose en el campo. Lo del partido contra el City fue de vergüenza ajena y así lo asumieron los propios futbolistas. Resultó algo patético. Aquella tarde, con Hazard de delantero, Williams, a su espalda, dio cuatro pases (4) en todo el partido. Los dos fueron sustituidos. Dijo el belga: “Si hubiera seguido en el campo hubiera seguido todo igual. No habría tenido ninguna ocasión”. Ese es el ánimo.

En el último partido Conte alineó a Giroud y esa es una de las dudas. Parece poco probable que varíe el dibujo, que deje de usar un triste 5-4-1 y que Morata siga condenado al banquillo. En dos meses solo ha jugado un partido como titular, contra el United, y recibió una bronca por minuto de su entrenador. La duda es si pondrá al francés o a Hazard en punta. El belga se ha quejado porque solo arriba no toca una y ha perdido presencia en el juego.

No es el único que esta harto. La cara de Fábregas, que corre como pollo sin cabeza en un centro del campo lineal, es un poema durante los partidos. Se aburre, pero por lo menos juega obedeciendo al entrenador. Pero es verle en el banquillo, como el día del United, cuando le dio minutos basura, y… Por un momento pareció que se iba a negar a salir, con todo el pescado vendido. Apenas jugó los últimos minutos. No la tocó. Pedro es otro que aparece y desaparece y de ser un jugador decisivo la pasada temporada para ganar la Premier, ha pasado este curso a ser utilizado como un jugador para ganar partidos, cuando el campeón se ha suicidado víctima de su propia racanería. Una constante durante todo el año. Ya lo dijo Marcos Alonso a las cámaras de Movistar+ hace dos semanas cuando salieron humillados del Etihad: “Nos lo hemos de plantear, jugando así no vamos a ningún sitio”.

Ayer marcharon a Barcelona, con Rudiguer, que está tocado – no jugó contra el Palace y lo hizo Cahill-, con la posibilidad de que regrese al once Bakayoko, que ya jugó 10 minutos contra los azulgrana de Londres y con Fábregas y Pedro en el avión. A Cesc le preguntaron el sábado si celebraría un gol en un estadio que no pisa desde que se fue en el 2014 para fichar por el Chelsea. “La verdad, no me lo he planteado. No estoy metiendo muchos goles este año, así que no me lo he planteado. No se, no creo que lo celebre. Y, sinceramente, por las funciones que desempeño, por lo que me pide el entrenador, no creo que marque. Y además, mi preocupación es otra: lo que me preocupa ahora mismo es que el equipo se clasifique”, afirmó.

Sabe que ante el Barcelona le tocará correr. De hecho, como todos los jugadores del Chelsea. Un equipo que en la ida de los octavos de la Champions jugó su mejor partido de la temporada. Viajaron en avión, pero tienen un autobús precioso con su escudo. O mucho me equivoco o lo verán en el Camp Nou. El campeón de la Premier no quiere jugar a otra cosa.

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