Diecisiete minutos le duró al Besiktas la ilusión de creer en una misión imposible. Diecisiete minutos en los que el conjunto turco apenas inquietó el área del Bayern, como para ponerse a pensar en remontar cinco goles en contra. Un milagro. Thiago enterró de un plumazo a un Besiktas de otra categoría. La Champions es para los mayores y el conjunto turco fue una hormiga en manos de un gigante. Mención especial para el Vodafone Park, que presentaba un ambiente espectacular, a pesar del resultado de la ida (5-0). La afición turca caldeó el ambiente como si la eliminatoria no estuviese vista para sentencia. Meritorio cuanto menos. Enternecedor, si nos ponemos románticos.

 

 

En la segunda parte, el destino le volvió a repetir al Besiktas que ese no era su lugar. Un gol en propia puerta de Gokhan y otro con el pecho de Wagner maquillaron la escabechina. Lo más llamativo del segundo tiempo fue un gato que se coló en el césped e interrumpió el partido durante algunos segundos, imagínense el panorama. Los turcos mantuvieron la dignidad y pueden presumir de haberle marcado a los bávaros un gol en 180 minutos, obra de Vagner Love (1-3). La historia que no tuvo el partido dentro del césped, se escribió fuera, en la enciclopedia de la Champions. Jupp Heynckes, técnico de los muniqueses, se convierte con la victoria de esta tarde en el entrenador con más triunfos consecutivos en la historia de la Liga de Campeones.

El Bayern agradeció el entrenamiento y la visita a una ciudad maravillosa. Por lo demás, para el Besiktas fue bonito mientras duro, pero aún tendrá que crecer mucho para hacerle sombra a  algún gigante en esta competición. 

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