Confirmado el peor de los pronósticos en Moscú, la fractura de peroné de Filipe Luis, al Atlético lo que le queda, más que una batalla contra el Barcelona en la Liga y contra el resto en la Europa League, Sporting de Portugal mediante, es una lucha contra sí mismo. Tras la estampida del mercado de invierno, a Simeone le quedan en la plantilla 16 jugadores de campo y con eso tendrá que luchar en el único frente factible que le queda.

Así llegó el Atlético a Vila-Real, con lo puesto y Sergi en el banquillo, ese lateral que tantas alegrías dará al club, pero que no está todavía para asumir las responsabilidades que quedan hasta finales de mayo. Así se presentó, así jugó, así manejó un resultado favorable y así facturó en diez minutos su tercera derrota de la temporada. Exhausto, claudicó en dos jugadas a balón parado frente a Unal y dos remates cuando la bocina estaba caliente.

Y el caso es que todo se le había puesto de cara a este Atlético de los 16, con viento de cola, pese a todo, en el tramo del año en el que se decide todo. Tan a favor se presentaron las cosas que hasta llegan ya penaltis que no son. Tuvieron que pasar 30 jornadas consecutivas de Liga, una vida, para que el Atlético fuera a los 11 metros; y frente al Villarreal llegó allí por algo que sólo Fernández Borbalán vio, algo que notó Griezmann. Si valieron los de entonces valen los de ahora y el francés acertó para dar ventaja a los suyos.

Fue lo único destacable en un primer tiempo plano, sin consideración por parte alguna, con un Villareal perdido y un Atlético medido, contento con la propuesta sin tener que forzar la marcha. La contención resulta primordial en este Atlético de los 16, tan justo, tan honrado, tan consciente de sus esfuerzos que ahora sí que un gol es pura vida en el banquillo de Simeone.

El resto, hasta los desajustes finales, fue un quiero y no puedo para el Villarreal, un intento de labor de demolición frente a un sublime ejercicio defensivo rojiblanco. Da gusto ver al Atlético con esa precisión táctica, con esos estudiados movimientos y esa presión posicional envidiable para el resto de equipos. Eso también es jugar al fútbol, aunque no se destaque ni pueble los titulares de los llamados biempensantes.

Lástima el cansancio, la tremenda fatiga mental que implica tal compromiso. Después de una masterclass defensiva rojiblanca, el puyazo llegó a balón parado, en dos punzadas de Unal en los últimos diez minutos que echaron al traste un trabajo bien hecho. Así se escribe el fútbol y se va la Liga.

 

 

Pero es lo que le queda a este Atlético de los 16, a este último pelotón de Alatriste en Flandes, resistente al enemigo aun en inferioridad sólo por el orgullo de ser un ejército rojiblanco. Resistir y luchar. Se llevó los tres puntos el Villareal, se acabó la Liga, pero queda la Europa League. Al Atlético, que hasta ahora tenía a Los 50, le ha llegado la hora de Los 16.

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