Vayamos directos al grano: el Real Madrid no tiene resuelta la eliminatoria con el PSG. Ya se ha contado casi todo de lo que sucedió en el Bernabéu. Lo resumimos: la bisoñez del equipo parisino y la arrancada genialoide de Emery quitando a Cavani fueron determinantes. El Madrid no yerra en Champions, no perdona, no se arrodilla hasta el minuto 90. Ya se sabe: “Noventa minuti en el Bernabéu son molto longos”, decía Juanito. El 3-1 es bárbaro, pero ¡ojo! tiene algo de espejismo, un tono falsete inquietante. Los goles no dejan ver el bosque y conviene mantener la guardia bien alta para el partido de vuelta en París.

Lo que esconde el marcador es que Keylor Navas recibió 17 remates del PSG. El arreón final del Madrid maquilla la reiteración de jugadas de gol provocadas por los parisinos y nadie recuerda que Sergio Ramos obró el milagro de salvar el 1-2 cruzando un pie a falta de veinte minutos para el final. Curiosamente queda en el paladar el oportunismo de Cristiano y la garra de Marcelo para meter la estocada en el instante más inesperado. Dos goles del Madrid de siempre en Champions, traídos en bandeja por un cambio de táctica y de jugadores que se pedía a voces y que Zidane tardó en leer.

Bien está el final, generando una euforia blanca justificada y un pesimismo del entorno parisino, reflejado en la rabieta de Emery y de su jefe el jeque contra el árbitro. Sin embargo, esto no se ha acabado. El Madrid no puede jugar con fuego en París como lo hizo en el Bernabéu. Por fortuna Cavani tiró fuera lo infallable, por fortuna la luz estuvo de parte de Keylor, por fortuna Lo Celso hizo el ‘primavera’ cometiendo un penalti de chiste en el peor minuto posible. Y así… un repaso reflexivo del partido alerta sobre lo que puede suceder y el Madrid debe evitar en París. O hay más orden y contundencia defensiva para proteger la ventaja del Bernabéu, o un gol tempranero del PSG convertiría el partido en un infierno.

Bajo ningún concepto el PSG debería disfrutar de 17 remates en el partido de vuelta, ni tampoco casi del 50% de posesión, como en Chamartín. Zidane tiene la palabra: o ir a por ellos o dejarse rodear en un sufrimiento insostenible. Con Casemiro o con cuatro en línea, él decide. Intimidando o cediendo el balón, debe pronunciarse. Los jugadores del Madrid son muy grandes, expertos, de talento y calidad, capaces de comerse a los parisinos en su casa, como tantas veces lo han hecho en feudos hostiles como el del Bayern, por ejemplo. Ahí está la clave: no ceder un metro, pisar fuerte, jugar en el campo francés. Que nadie se engañe, el PSG no es un equipo menor, es efectivamente tierno, pero con mucha capacidad ofensiva.

Los más optimistas entienden que el Madrid también marcará en Paris. Sí o no… Nadie lo garantiza. Lo que sí se puede gestionar es el dominio, con presión, con líneas avanzadas, con sentido ofensivo del juego. La palabra es jerarquía. Y tal estatus no lo maneja nadie mejor que el Real Madrid, doce veces campeón de Europa. No se pueden repetir las secuencias angustiosas de la ida en el Bernabéu. Zidane debe dar la firme orden de saltar al campo de París con autoridad. Sería un error confiar en un 3-1 que fue uno de esos milagros que sólo el Madrid es capaz de hacer.

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