En los Juegos Olímpicos de Sydney, en el Año de Gracia 2000, Miroslava Mirka Vavrinec, eslovaca de nacimiento, hija de Miroslav, Miro, un joyero de Bojnice establecido en Schaffhausen, y de una música, Drahomina… se enamoró de un chico llamado Roger Federer que en esos Juegos iba a ganar la medalla de bronce en la final de consolación ante el francés Arnaud Di Pasquale. Hoy, Mirka es la reina consorte del tenis mundial. En el circuito femenino del WTA Tour, la hija de Miro y Drahomina, ya nacionalizada suiza, llego a subir al número 76 y jugó la Copa Hopman de 2002 junto a un Federer que ya era su pareja: eso fue antes de que Mirka se retirase tras dura lesión en el pie.

En 2000, Federer, con 19 flamantes añitos, aún no había ganado un solo torneo ATP. Roger voló a Sydney como número 40 del mundo. Hoy, casi 18 años y 97 títulos después, Roger Federer abandona Rotterdam como líder mundial confirmado al menos hasta que concluya el Masters 1000 de Indian Wells y afirma: «Mirka es el motor… sin ella nada funciona». Eso, aunque Mirka no haya seguido a Rog en Rotterdam, con los cuatro hijos de la pareja (matrimonio desde 2009): Myla Rose, Charlene Riva, Leo y Lennart-Lenny: sendas parejas de gemelos, por ese orden.

En el Ahoy Arena de Rotterdam, en la final del ABN-AMRO (ATP 500), y con un triturador doble 6-2, Roger Federer ha agrandado hasta 7-0 el abismo que le separa de Grigor Dimitrov, a quien tiene por hijo o ahijado particular, aunque sólo en el mundo del tenis. Y aunque Nadal subiera a lo más alto del podio en el Abierto mexicano de Acapulco, a partir del día 26… Federer mantendría el liderazgo mundial al menos hasta que se cierre el Masters 1000 de Indian Wells, en el desierto californiano de Palm Springs.

«Primero es el tenis; después, Roger… y después, yo: gracias a él, el tenis ha vuelto a mi vida en todos los sentidos, porque si él gana, es como si ganara yo», declaró Mirka en 2009 a la revista suiza Schweizer Illustrierte. Esas palabras resumen la incalculable dimension que vincula a Mirka Vavrinec, hoy Mirka Federer, con Rog… a quien ella aún llama Rotschi: como si aún fueran aquellos entrañables días de Sydney.

En las Salas de Jugadores (Players’ Lounge) de Grand Slams y Masters 1000, Mirka Federer no tiene empacho en despedir por las bravas («usted no tiene educación…») a cualquier asilvestrado pretendiente a una entrevista o un autógrafo de su Roger. «¿Qué ha sido lo peor de enfrentarse a Roger?», preguntaron en Twitter a Nick Kyrgios hace un año escaso, justo tras una salvaje batalla Roger-Nick, en el calor húmedo de Miami: «Mirka… Mirka molestándome («heckling») y pitándome entre mis saques», bromeó Kyrgios de respuesta, también en Twitter.

Mirka pidió disculpas públicas a Kyrgios: así es la chica de Bojnice a la que Martina Navratilova, en 1987, en Filderstadt, recomendó drectamente a su amigo checo Jiri Garnet, del Kreuzligen Tennis Club: «Esta chica está muy bien construida para el tenis y tiene talento», dijo Navratilova a Garnet, por su propio teléfono, después de aceptarle al joyero Miro Vavrinec unos pendientes de regalo por el 31 cumpleaños de Martina. «No es coincidencia que Roger nunca hubiera ganado un torneo antes de que se encontraran en Sydney», dice Tony Godsick, eterno representante y hombre de confianza de Federer. «Y miren dónde está él ahora… Mirka lo ha sacrificado todo por Roger y su carrera», subraya Godsick, alma mater del nuevo invento llamado Laver Cup. «Mirka asegura armonía a Roger con su paciencia y perseverancia», matiza Lynette Durand, la madre del número uno y campeón de 20 torneos de Grand Slam.

Señala Roger Federer: «Ella —Mirka— estuvo conmigo cuando yo no tenía aún un solo título (Federer ganó su primer torneo ATP en 2001, en Milán, antes de batir a Sampras en octavos de Wimbledon)… y sigue ahí, más de 90 títulos después. Su papel es de tal importancia que sin ella yo no estaría jugando al tenis… y ella lo sabe, lo sé yo y lo sabe todo el mundo. Sólo cabe estar feliz de que ella sea mi mujer y mi primer apoyo, siempre diciéndome la verdad», apuntó en Australia el mismo Roger, quien tras Wimbledon 2016 planteó a Mirka la eventualidad de una retirada. La mujer respondió a Roger Federer: «No te puedes ir así, sin volver a ganar Wimbledon y menos porque has tenido una caída al bañar a uno de tus hijos». Esa había sido la caida (en el hotel de Melbourne) que hizo a Federer operarse de menisco tras el Abierto australiano de 2016. «Ninguna otra mujer podría soportar tanto tenis como yo. Si Roger necesita dormir mucho, yo no voy a despertarle temprano», cuenta la señora Federer en el libro: Roger Federer, The Quest for Perfection.

Mirka es la base del séquito y los movimientos de Federer, incluyendo a una tal Anna Wintour, la gran jefaza de Vogue, quien revela: «Desde 2005, cuando nos conocimos en Nueva York, he volado alrededor del mundo para ver a Roger jugar en sus torneos… incluso he dejado de ir a shows de moda, sólo por ver cómo Roger juega el mejor tenis que, con seguridad, nunca se haya visto. Después, naturalmente, yo quiero hablar con él de tenis… pero él quiere hablarme más de moda». Wintour relata que, cuando pudo llevar a Mirka a una de las grandes pasarelas de Milán, «lo impresionante era cómo, por la noche, Mirka no sólo recordaba todos los nombres de los modistos que le había presentado, sino también, y por delante de todos… el nombre del chófer».

En 2000, en Sydney, Federer y Vavrinec sólo se besaron al final de los Juegos, después de que Roger —a quien impresionaba, en sus propias palabras de 1999 Pamela Anderson y también Anna Kournikova—…atacara a la hija del joyero de Schaffhausen a base de canciones de los Backstreet Boys. Federer y Vavrinec compartían departamento en la Villa Olímpica con Pierre Paganini, preparador de Federer, cuatro luchadores… y con Emmanuelle Gagliardi, otra tenista suiza. «Fue el punto de partida de nuestra historia de amor», recordaba Federer en Schweizer Illustrierte, mientras Mirka se reía: «Ni me imaginaba que estuviera atacándome. Pensaba que sólo se trataba de un chico gracioso, que no era un aburrido. Hacía un montón de ruido y cantaba esas canciones de los Backstreet Boys. Yo pensaba… ‘cuando esto acabe, voy a tener los abdominales más fuertes del mundo por lo que me estoy riendo con Roger. Sólo me besó al último día de los Juegos. Y yo le dije entonces: ‘Eres muy joven, eres como un niño’. Cuando tuve que retirarme, después de 2002, estuve un tiempo en muletas y muy apenada. Entonces, Roger me ayudó mucho y mi vida tenistica volvió y se mantuvo a través de él. Sus victorias eran casi como si fueran mías».

Puede que todo sea más fácil con Mirka de gran motivadora de su Rotschi, en ese rol de reina consorte del tenis planetario. Ella sigue fresca, lozana. Alienta a su hombre desde los palcos de todo el circuito, silba y chifla al insolente y descreído Kyrgios, recoge bolas perdidas… y se mueve a la perfección por las callejas comerciales de Basilea con sus dos parejas de gemelos a bordo del Mercedes-GL SUV de la familia Federer. Con certeza, Mirka Federer, la hija del joyero de Bojnice, es ese tipo de persona al que jamás cabe infravalorar y que se despedía de este modo, cierta vez en Schweizer Illustrierte: «Mi tiempo está viniendo. Ya está cerca. Será después del tenis. Roger y yo lo hemos acordado así».

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