Hay partidos que sirven para medir el nivel de los equipos, su personalidad, su ambición, su capacidad para gestionar un gran duelo, para desenvolverse en situaciones de exigencia máxima. Todos estos desafíos los superó el Sevilla, que se manejó con enorme solvencia ante el Manchester United, al que superó en fútbol y en ambición. El Sevilla fue muy competitivo y deseó ganar. El United se conformó con no perder. Y si no cayó en el Pizjuán fue porque tuvo en la portería a su mejor futbolista, un gigantesco De Gea. No hay que tener miedo a repetir que es un guardameta extraordinario, de los mejores del mundo. La parada a Muriel al final del primer tiempo, esa exhibición de reflejos, está al alcance sólo de unos pocos elegidos.

Como magnífica fue la puesta en escena del Sevilla en un partido que requería máxima concentración, un exigente duelo táctico que resolvería quien mejor supiera interpretar el planteamiento del rival o quien más arriesgara. Supo descifrar mejor el duelo el equipo de Montella, que encontró varios caminos para llegar hasta De Gea, casi todos abiertos por el inspiradísimo Mudo Vázquez. Desbarató el portero español todas las llegadas del Sevilla, la mayoría de Muriel y Correa.

Mourinho recogió al equipo, presentó de inicio un triple mediocentro, con Matic, McTominay y Ander Herrera, con Juan Mata en la derecha. Por la izquierda se movió Alexis Sánchez, lo más decente del equipo en toda la noche hasta que salió Rashford, y arriba Lukaku. Un equipo ordenado, sin más. Insípido, insustancial. Incapaz de proponer y capaz de sobrevivir navegando toda la noche en contra del viento. También tiene su mérito.

La lesión de Ander Herrera al cuarto de hora redujo todavía más el talento del United, un conjunto que se volvió todavía más plano con la entrada de Pogba. Perdió capacidad creativa, imaginación y pase con la salida de Herrera, capaz de ensamblar todas las piezas del equipo. El exuberante despliegue físico de Pogba exigió una respuesta diferente por parte del Sevilla. Perdió fútbol con el cambio el United, pero no supuso demasiado problema para Mourinho.

Con este panorama fue inevitable dirigir la vista al Sevilla, siempre a la altura del duelo, siempre con la mirada hacia delante y sabiendo en todo momento encontrar la respuesta que requería cada fase del encuentro. Y todo ejecutado a un altísimo ritmo. Banega y Nzonzi dominaron el centro del campo, Mudo Vázquez inventó como en sus mejores tardes, Correa fue un incordio en banda izquierda y Muriel no se cansó de agitar a la defensa rival.

No es que el Sevilla estuviera al nivel de la cita, es que dio la sensación de estar muy por encima del United en fútbol. Le faltó el gol para completar su obra, para que fuera perfecta.

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