La prensa deportiva (AEPD) ha distinguido este lunes a la Quinta del Buitre en Castellón en nuestra Gala anual. Nunca viene mal recordar lo que fuimos para entender lo que somos -el leitmotiv del programa de ‘La historia de cada día’ en RNE-.

Los integrantes de la Quinta son jóvenes maduros, pero ya son leyendas. Debutaron desde el año 83 en el Real Madrid. Julio César Iglesias los puso en circulación con un hermoso e inolvidable artículo en El País. Pero para los chicos de mi entorno, la mayoría de ellos ya eran muy conocidos mucho antes. No había internet ni móviles, pero existía algo que será difícil de volver a inventar: las competiciones de fútbol en los colegios.

La Quinta del Buitre es el último vivero proveniente de las escuelas. Especialmente de los colegios religiosos. Eran semilleros de deporte. La mezcla del colegio y del barrio fue un cóctel de éxito. Ellos, en nuestro mundo futbolero de adolescentes, ya eran muy famosos mucho antes.

Michel a los 17 años, cuando le veíamos en el autobús en Legazpi, todos le mirábamos, le señalábamos, sabíamos que era un grande, luego mejor jugador juvenil de Europa. Era muy alto, llamaba la atención. El run run de Radio Macuto lleno de fantasía decía que estaban más fuertes que nuestros amigos del juvenil del Atlético de Madrid porque en la Ciudad Deportiva tenían unas máquinas especiales que habían importado de Alemania. Y claro, esos tíos estaban mazas. Como si fuera magia estar cuadrado…

En aquellas competiciones de colegio, uno de los grandes momentos era jugar contra los Escolapios de Pozuelo. Las Escuelas Pías de San Fernando. Comenzaba entonces el fútbol sala y un programa de TVE, Torneo, presentado por Daniel Vindel, daba altavoz a nuestro universo futbolero.

A los 15 años jugamos contra Martín Vázquez en la entonces vanguardista pista de sintasol de los Escolapios de Pozuelo. Allí jugaba también el Tempus, un filial del Real Madrid de baloncesto, donde dieron los primeros pasos Fernando Romay o el Indio Díaz. Ver a Martín Vázquez con esa edad era un espectáculo. Ganaba el solo los partidos. Compaginaba los ratos del colegio con el Real Madrid. Todos los locos del fútbol de Madrid disfrutábamos con aquel coetáneo ambidiestro. Rafa era muy de Escolapios. Años más tarde, llegó Granero.

Los colegios eran el alma de la ciudad. Un poquito más mayor que Martín Vázquez es Emilio Butragueño. Rafa es del 65. Emilio del 63. Pero daba igual, los colegios tenían varios equipos y ‘los mayores’ hablaban siempre de Emilio, la estrella del Calasancio. En aquel campo de tierra del Calasancio, con los soportales en una de las bandas, Emilio que inauguró un trasvase histórico: pasar del colegio al Real Madrid de Tercera división, con 18 años. Su famoso dribling en una baldosa, el regate de Johan Cruyff y su forma de leer el fútbol, cautivaba en los campos de tierra de la Comunidad de Madrid.

Y en eso, llegó Miguel Pardeza a Madrid. También del 65, de nuestra generación. Y aquello ya fue la traca en aquellos años. Siempre había alguien con «información» privilegiada. Noticias que no salían en ningún periódico. Era el boca a boca. «El Madrid ha fichado un chico que viene de Huelva, de La Palma del Condado, que se llama Pardeza. Es tan bueno… que le pagan la casa y todo y a su padre le han conseguido un trabajo». Estábamos alucinados. No dábamos crédito. ¡Qué desembolso! No se llevaba entonces un fichaje así de un niño de fuera de Madrid. Es una máquina. La bomba corrió como la pólvora por todos los colegios futboleros de Madrid. A mí nunca se me olvidó lo de La Palma del Condado. Entró en mi radar de pueblos famosos de España.

Y sí, era muy bueno. Hubo un Atlético de Madrid – Real Madrid de juveniles en el campo de ceniza de San Cristóbal de los Angeles, la cuna futbolística luego de Raúl. Hubo peregrinación para ver a Pardeza. En el Atlético de Madrid de entonces jugaba César Mendiondo, luego subcampeón del mundo sub ’18 en Moscú. Gran defensa. El campo se llenaba. Era otro Madrid. Otra España, con la Movida, Nacha Pop y Los Secretos a la vuelta de la esquina.

El recorrido acaba con Manolo Sanchís. De Manolo nunca tuvimos detalles. Quizás porque entró de muy niño en el Madrid. También del 65, Sanchís deslumbró en su debut ante el Murcia y ya no salió jamás del equipo. Un buen día, un 20 de mayo de 1998, ganó una Copa de Europa. La Séptima. Era el superviviente de la Quinta aquella noche. Con la Copa en la mano, se acordó de sus compañeros. Michel, Martín Vázquez, Butragueño y Pardeza también la merecían. Fue un detalle. También inolvidable.

1 Comentario

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here