Desde el boom del 92 atravesamos una paulatina crisis cada vez más acusada dentro del atletismo español. Cada vez hay más y mejores instalaciones, pero no se acompañan con una gran mejora de marcas, si comparamos 2017-18 con hace por ejemplo diez o quince años atrás o más…

¿Razones? Varias y muy diferentes. Entre ellas sobre todo una fundamental: la inversión. O sea, el dinero, para entendernos. No sólo el invertido en el atletismo, también en la creación de auténticos atletas de élite que puedan competir a nivel internacional con opciones reales de medalla.

Hoy en día la práctica del atletismo ha tenido un boom entre la gente con el running. Lo que se denominaba el footing de toda la vida, ha calado hondo. Por las calles y parques de ciudades y pueblos se pueden ver a hordas de hombres y mujeres corriendo equipados a la última, sin dejarse ningún detalle: mallas, camisetas técnicas, zapatillas de correr adecuadas, toda la tecnología posible, smartphones con música, programas en los que tras correr se te indica la ruta que has hecho con seguimiento GPS, kilómetros recorridos, tiempo empleado… Sólo hay que pasearse por las redes para conocer a un puñado de tipos que creen ser el Sebastian Coe de Carabanchel.

¿Motivaciones? Hay una parte de salud, otra estética y otra, la que más se comenta, de “me siento bien”…. Eso es genial, especialmente para traumatólogos, fisioterapeutas y masajistas, que desde que hay esta fiebre trabajan más que nunca. Otro tema sería ya el gimnasio, allá hay un verdadera furia por la estética, adelgazar, marcar músculos, sorprender en la playa y hace salir los bajos instintos tanto a mujeres como a hombres.

¡Pero el deporte profesional y de élite no es eso! Me hace gracia cuando veo un reportaje sobre ‘Tenga las abdominales de Cristiano Ronaldo’. Por favor, Cristiano tiene el cuerpo que tiene por la intensidad de su trabajo diario y su dieta, no para estar guapo. ¡Es el cuerpo de un deportista de alto rendimiento! Sería algo así como ‘compre usted esta guitarra y tocará como Eric Clapton, Paco de Lucía o Mark Knopfler! Complicado, ¿no?

Bien, después de esta larga introducción vamos al grano. El primer problema es la falta de entrenadores profesionales dedicados a su especialidad, bien pagados y que no se dediquen sólo a entrenar en sus ratos libres... Los hay que cobran miserias, desde 200 a 600 euros en equipos, clubes o federaciones de élite. Con éso no se puede vivir ni dedicarse profesionalmente a esto. Luego está la búsqueda de talentos a los cuales se les debe becar, dar tiempo de entreno y exigencia de atención de sus entrenadores para ensayar, corregir fallos, dedicación plena y una vida muy próxima a la monacal. Sana y con una buena alimentación.

Hoy en día los clubes viven de las cuitas de los chavales que van a hacer deporte. Casi son más una guardería que una manera de entender el deporte con sacrificio. Los hay que dejarán el atletismo o cualquier otro deporte al ver que no pueden compaginarlo con los estudios o que pierden la ilusión a medio a camino. O que incluso socialmente no les permite ni salir o tener un novio o novia a tiempo completo. Hay que viajar, concentraciones de tecnificación, competiciones en fin de semana…

Entrenar, crear y encumbrar a una figura del atletismo o cualquier otro deporte no funciona casi nunca por generación espontánea. Hay un trabajo detrás de mucha gente anónima. Ya sé que los deportes minoritarios sólo interesan en los Juegos Olímpicos cada cuatro años, pero hay que prepararse desde mucho antes.

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