Con la eliminatoria totalmente decidida, y ante un equipo de escaso pedigrí europeo como el Copenhague,  Simeone decidió organizar una jornada de reconciliación en el Wanda Metropolitano, una terapia grupal de autoestima o como quiera que lo llamen ahora. Cholo apostó por una delantera formada por Torres, Vitolo y Gameiro, con Correa merodeando por detrás. Jugadores todos con cuentas pendientes.

El Niño, después de convertirse en protagonista indirecto de la polémica tras una contestación destemplada de Simeone a una reportera insistente, buscó el gol con tenacidad en la primera mitad. Gameiro, por su parte, soltó lastre a los 7 minutos con un zurdazo que entró como una exhalación en la portería de los daneses. Un golazo para un delantero con un bazoka en la derecha al que le resultan más fáciles los goles improbables que los cantados. 

El otro jugador que recibió la alternativa, Vitolo, se reivindicó con buenas llegadas al área y balones atrás que no encontraron rematador. Hace bien Simeone en darle oportunidades al canario, que necesita sumar méritos para justificar la llamada de Lopetegui a la Selección de cara al Mundial. 

Si la primera puerta fue densa, la segunda fue soporífera. Hasta el punto de que los daneses se animaron a pisar el área rojiblanca. Y esta vez poco o nada tuvo que ver la pizarra de Simeone. Pudo dar la puntilla Gameiro, pero era una ocasión manifiesta, de esas en las que se le suele apagar la luz al francés. En este segundo asalto Vitolo se diluyó y Torres justificó por qué el Cholo no se esforzaría en reivindicar su continuidad tanto como la de Griezmann. 

El Atlético certificó la sesión de baño y masaje sin especial entusiasmo y ya está en la fase de octavos de final de la Europa League. A siete partidos de un título en Europa. No debería hacer de menos a esa posibilidad. Aunque los rivales serán más feroces que este Copenhague y los partidos no serán trámites como este somnoliento partido de vuelta.

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