Pretende Ferrari que 2018 sea el año definitivo de su asalto a los cielos de la Fórmula 1 y para ello tiene el SF71H, el coche que conducirán Sebastian Vettel y Kimi Raikkonen y con el que intentarán desbancar de una vez a Mercedes y conseguir el título que se le resiste desde hace una década.

Con Marc Gené como maestro de ceremonias, La Scuderia desveló un monoplaza que rebosa clasicismo en cuanto a su estética y agresividad en su aerodinámica. El nuevo monoplaza regresa a un color totalmente rojo, sin banda blanca alguna ni adornos y en el que destacan los logos amarillos del cavalino.

En cuanto a su estructura, los italianos mantienen la línea del año pasado aunque evolucionada al máximo. Incorpora un grandísimo direccionador de flujo horizontal del aire delante de los pontones que se divide en tres partes y que enlaza con el deflector lateral. Por encima se ha refinado el trabajo en la tapa motor para intentar aligerar y compactar la unidad de potencia en un trabajo que se acerca mucho al ya conseguido por Mercedes.

En la parte delantera se ha trabajado también en el morro, algo más estrecho y plano que el de 2017, e incluso se ha implementado un flap aerodinámico en el halo, algo que no se ha visto en ninguno de los equipos que ya han presentado sus monoplazas. El espejo retrovisor incorpora también un canal en lo que parece una novedad aerodinámica.

Y en el interior, el motor, en el que tanto confían en Maranello después de que en 2017 diera unos resultados buenos que se vieron opacados por los accidentes y la falta de fiabilidad que mostraron a final de temporada, algo que Sergio Marchionne espera que no vuelva a suceder. ¿Es 2018 un buen año para apostar todo el rojo?

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