El Ayuntamiento de Gijón ha aprobado por unanimidad que el estadio de El Molinón pase a denominarse estadio Enrique Castro Quini, en reconocimiento a la trayectoria del futbolista fallecido ayer a los 68 años. Quini, que había sido nombrado hijo adoptivo de la ciudad en 2016, jugó durante quince temporadas en el Sporting, del que había sido delegado y del que era presidente de honor en el momento de su muerte.

La idea ha sido bien acogida por los seguidores del Sporting y los vecinos de la ciudad, y también por los aficionados de toda España. Parece más apropiado que el nombre del estadio honre a un mito como Quini que al viejo molino que le da nombre desde su construcción en 1908.

La pregunta que lanzamos desde A LA CONTRA es si otros clubes con nombres toponímicos deberían seguir el ejemplo del Sporting y renombrar sus estadios para reconocer a sus ídolos o a personajes de influencia determinante en su historia. De los 20 equipos de Primera, trece tienen denominaciones impersonales: Camp Nou, Wanda Metropolitano, Mestalla, Montilivi, Balaídos, Ipurúa, San Mamés, Butarque, Mendizorroza, Ciutat de Valencia, Insular, Riazor y La Rosaleda. En terreno fronterizo quedaría Estadio de La Cerámica, antes El Madrigal, rebautizado en 2017 para promocionar el sector cerámico en la provincia de Castellón.

A la espera de que el nuevo estadio Enrique Castro Quini se haga sitio en Primera, solo hay cuatro estadios personalizados en la máxima categoría: Santiago Bernabéu, Ramón Sánchez Pizjuán, Benito Villamarín y Alfonso Pérez, tres presidentes históricos y un futbolista de 45 años que nunca llegó a jugar en el club a cuyo estadio da nombre.

Desde A LA CONTRA hemos querido imaginar qué nombres deberían tener los estadios de Primera si quisieran rendir homenaje a sus ídolos. Se abre el debate.

 


FC BARCELONA: Estadio Johan Cruyff


Cruyff jugó cinco temporadas en el Barcelona (1973-78), en las que ganó una Liga y una Copa, no demasiado. Sin embargo, como entrenador del club (1988-96) se convirtió en ideólogo de una filosofía de juego que se ha convertido en irrenunciable. El Barcelona jugará siempre como quiso jugar Johan y eso merece un estadio. La otra opción es esperar a que Messi se retire.

 


ATLÉTICO DE MADRID: Estadio Wanda Luis Aragonés


En este caso, no hay debate. Luis es la encarnación del Atlético de Madrid y además el Wanda no está lejos de Hortaleza, donde se hizo sabio. Pasó sin transición de jugador a entrenador y de ahí a mito. La osa del escudo reúne menos méritos para ocupar un lugar en la camiseta rojiblanca, pero sustituir al plantígrado por Luis enervaría a los animalistas. Mucho mejor hacerle sitio en la fachada del estadio, aunque sea a la derecha del inversor chino.

 


VALENCIA: Estadio Edmundo Suárez Mundo


Nacido en Baracaldo en 1916, Mundo es todavía el máximo goleador de la historia del Valencia (191 goles en Primera). En 16 temporadas como valencianista, y como miembro de la Delantera Eléctrica (junto a Epi, Amadeo, Asensi y Gorostiza), ganó tres ligas y dos Copas del Rey, además dos Trofeos Pichichi. Su contribución a la causa es incuestionable y debe reconocerlo hasta la acequia que dio nombre al estadio en 1923. Por aquella zanja saltaban los aficionados para acceder al campo. A Mundo no había quien se lo saltara.

 


GIRONA: Estadio Salvador Dalí


A falta de jugadores de peso histórico y descartados políticos en el exilio, el Girona debería decantarse por Salvador Dalí, gerundense universal. El pintor fue un gran aficionado al fútbol y le gustaba practicarlo, siempre de portero, con sus amigos Pepe Samitier y Emilio Sagi Liñán. En 1974 dibujó un cartel para los 75 años del Barcelona y en 1977 pintó Gol, una obra que le encargó el Sant Andreu para recaudar fondos. En 1986 trabajó en el póster para la inauguración del Estadio Municipal del Figueras. El cambio de nombre del estadio no tendría por qué afectar al barrio de Montilivi, donde se ubica el recinto.

 


CELTA. Estadio Manuel Fernández Pahiño


El futbolista rojo, lector de Tolstoi o Dostoievski, goleador excelso e historia del fútbol español, Manuel Fernández Pahiño bien merecería que el estadio del Celta, ubicado en el barrio de Balaídos, llevara su nombre. Fue Pichichi de Primera con el club vigués, ayudó con sus tantos a que el equipo terminara cuarto y le llevó a una final de Copa en una época nada sencilla para el Celta.

 


EIBAR. Estadio José Ignacio Garmendia


Nadie ha pasado más tiempo debajo de una portería en el barrio de Ipurúa que José Ignacio Garmendia. Llegó al equipo en Tercera División en 1978 y lo dejó en Segunda 20 años después, época en la que ya regentaba una carnicería en Villabona, su pueblo. Alimentó los sueños de la afición con sus paradas y los estómagos con sus chuletones. Y marcó un gol de portería a portería al Pontevedra en Ipurúa, que bien mercería llamarse Estadio José Ignacio Garmendía.

 


LEGANÉS. Estadio Luis Ángel Duque


Castizo al que le gusta regalar refranes y retruécanos, nadie ha dirigido más partidos desde el banquillo del Leganés que Luis Ángel Duque. Del Rodríguez de Miguel hasta Butarque. 300 encuentros, 300 historias en los que se resume la vida de su club, al que llevó por primera vez hasta Segunda División y por el que ha pasado desde la cantera hasta la dirección deportiva. Quizá haya llegado el momento de que Nuestra Señora de Butarque deje paso a alguien más terrenal y en Leganés tengamos el Estadio Luis Ángel Duque.

 


ATHLETIC. Estadio José Ángel Iribar


Con sus manos sostuvo a todo un club durante 18 temporadas. Un mito respetado en todo el mundo, símbolo del fútbol y de la vida, al que no le asustó significarse políticamente en una época dura. Iribar es el Athletic y lo que representa el Athletic lo encontramos en Iribar. El antiguo estadio se levantó en los terrenos del asilo de San Mamés, el santo que fue arrojado a los leones, y en ese estadio se construyó una leyenda. Quizá sea hora de que las leyendas del futuro jueguen en el Estadio José Ángel Iribar.


ALAVÉS. Estadio Óscar Téllez


El estadio de Mendizorrotza es el tercero en antigüedad de España y toma su nombre por el barrio en el que se levanta, que significa monte afilado. Mucho se ha visto por allí en sus 91 años de historia, pero nada parecido a lo ocurrido en la temporada 2000-2001 cuando el equipo llegó a la mejor final de la Copa de la UEFA que en la historia ha habido.

Miembro de aquel equipo y representante de la mejor época del club es Óscar Téllez. En su primer año en la plantilla gloriosa se alcanzaron las semifinales de Copa y se ascendió a Primera División, donde el Alavés permaneció cinco temporadas consecutivas, con la mencionada final de la Copa de la UEFA frente al Liverpool como gran hito. Tras un descenso, el club volvió a ascender con Téllez como capitán y antes de retirarse del fútbol profesional. Estadio Óscar Téllez como honor al ídolo de Mendizorrotza.


LEVANTE. Estadio Antonio Calpe


Antonio Calpe es, sin duda, el mejor jugador en la centenaria historia del Levante. Un zurdo estilista, jugó ocho temporadas con los granotas en Tercera, Segunda y Primera y fue uno de los artífices del primer ascenso levantinista a la máxima categoría en 1964. Fue fichado por el Real Madrid, ganó tres Ligas, una Copa y una Copa de Europa; y en 1973 regresó a su Levante, que estaba en Tercera, al que ascendió antes de retirarse. Antonio Calpe, sin duda el mejor nombre para el actual Ciudad de Valencia, inaugurado en 1969 con aires osados: levantaron un campo con 30.000 localidades cuando el equipo estaba en Tercera.

 


U.D. LAS PALMAS. Estadio Tonono


El estadio de Gran Canaria es de los de nuevo cuño. Inaugurado en 2003 para suceder al mítico estadio Insular quizá podrían haber aprovechado aquel momento  para llamarlo como se merece, Estadio Tonono. Antonio Alfonso Moreno, mítico líbero de la Unión Deportiva, jugó trece temporadas de amarillo –en las primeras once sólo se perdió cuatro partidos-, fue subcampeón de Liga y llegó a jugar la Copa de la UEFA. Fue el primer futbolista que llegó a la Selección desde un equipo canario –22 veces internacional-, disputó dos Eurocopas y falleció inesperadamente en 1975 cuando aún era jugador de la Unión a causa de un extraño virus. Un ídolo. Una leyenda.


DEPORTIVO. Estadio Arsenio Iglesias


Sin duda, O Bruxo de Arteixo representa lo mejor de la historia del Deportivo y no solo por la maravillosa época del Superdepor. Fue jugador, entrenador del equipo en distintas categorías y la cara reconocible de aquella plantilla que ganó una Copa del Rey, fue dos veces subcampeón de Liga y se mostró por toda Europa. Qué mejor que Estadio Arsenio Iglesias para Riazor, el recinto que toma el nombre de una playa.


MÁLAGA. Estadio Sebastián Humberto Viverti


Argentino de Córdoba e ídolo en Málaga, Sebastián Humberto Viverti estuvo seis temporadas como jugador, consiguió el ascenso a Primera y fue figura en el primer lustro de los 70 durante el cual el Málaga consiguió sus mejores posiciones en la máxima categoría. Años más tarde, ya desde el banquillo recondujo de nuevo al equipo a Primera División. Tiene una pequeña glorieta tras La Rosaleda y la puerta cinco del campo construido en 1924 sobre los terrenos de una rosaleda lleva su nombre. ¿Por qué no todo el estadio?

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