El optimismo sería un pecado, probablemente mortal, pero la esperanza está permitida. Es obvio que la Real Sociedad está lejos de ser el París Saint-Germain, no teman, no haré traslaciones fantásticas. Sin embargo, tenemos que convenir que el Real Madrid hace tiempo que no juega contra sus rivales, sino contra sus demonios. De manera que, esta vez, no era importante el enemigo para restablecer el ánimo y recuperar la memoria, primer objetivo. Después de reconocerse en el espejo, la siguiente tarea era sostenerse la mirada y, a continuación, gustarse. Luego, el paso natural era mandar un mensaje al PSG, sin presunciones, no tendrían sentido, pero sí como señal de vida.

Cuando en las previas que nadie lee se describa el mapa de situación ya es seguro que se mencionará, antes de la enumeración de los achaques, la goleada ante la Real Sociedad, la exhibición de Asensio, la recuperación de Marcelo y el hat-trick de Cristiano. Para eso también servía el partido, y no es poco. A estas horas no podemos decir si el equipo ha doblado el Cabo de Hornos de su inseguridad machacona. Podría no ser cierto, pero también podría ser verdad. Esa duda es mucho más de lo que teníamos hace unas horas. Ahora ya no sabemos si el equipo estaba hundido o agazapado, y si la duda prende en el PSG, el Real Madrid ya habrá ganado mucho terreno.

Es fácil suponer que Zidane ensayó algunos de los movimientos que tiene previstos para el miércoles. El más evidente fue la presión adelantada, un concepto demasiado amplio que conviene clasificar. La presión en campo contrario que sólo pretende dificultar la salida del balón es un simple ejercicio de ingeniería, no muy diferente a la construcción de un dique; es el robo del balón, y no la contención, lo que convierte el pressing en un acto de abordaje que culmina con el degüello, metáfora sanguinolenta del gol.

Durante algunos minutos, el Real Madrid mostró esa versión carnívora de la presión adelantada, la misma que ya nos había enseñado en la Supercopa, la que abrillantó Guardiola en el Barça, la que termina con el cervatillo junto al precipicio de la banda y rodeado de cazadores. Si un equipo de talento está dispuesto a semejante sacrificio físico y mental es difícil que alguien pueda pararle.

La Real, desde luego, no lo hizo. Fue avasallada durante la primera parte, lastrada por un gol a los 40 segundos, intimidada por la presión e incapaz de controlar el juego del Real Madrid, rápido por primera vez en meses. Asensio era la chispa. Desde cualquier zona del campo, el chico fue un agitador constante y vertical. Por algún motivo que tiene más relación con la química que con la táctica, diría que liberó a Modric y mejoró a Kroos. Doy por hecho que el dinamismo de Lucas Vázquez los beneficia a todos.

La siguiente reflexión es más inquietante. El experimento terminará en el desagüe si Zidane no cambia el once contra el PSG. De nada habrá servido el impulso de Asensio si no tiene continuación. La suplencia de Benzema ya no es cuestión de gustos, sino de justicia. La sorpresa no es opcional; el Real Madrid tiene que hacer algo distinto. La prueba es que lo hizo contra la Real Sociedad y marcó cuatro goles en 36 minutos. No está mal. Ni del todo bien. El equipo se abandonó en la segunda parte y recibió dos tantos que Emery habrá anotado con bolígrafo rojo. No se recomienda el optimismo, pero hay motivos de la esperanza. Sólo hay que ser cuerdos, pero enloqueciendo un poco.

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