Si en igualdad de condiciones la superioridad sobre el papel del Bayern ante el Besiktas es significativa, a partir de la expulsión de Vida por roja directa a los quince minutos, el dominio en el terreno de juego por parte de los bávaros fue abrumador. El Besiktas se refugiaba en su área, mientras el Bayern crecía espoleado por el hombre de más. La obra de los alemanes estuvo dirigida por la batuta de un James Rodríguez entonado y preciso, hasta que el colombiano tuvo que abandonar el terreno de juego en favor de Arjen Robben. El equipo turco se aferró a su defensa con uñas y dientes, pero, encerrado en su retaguardia, fue presa fácil para los delanteros del Bayern, y Müller aprovechó un barullo en el área al filo del descanso para pescar un balón y subir un gol al marcador más decisivo que estético.


En el segundo tiempo, y con la grieta abierta en la muralla turca, las triangulaciones del Bayern iban y venían como si de un patio de colegio se tratase y al Besiktas se le puso cara de marioneta. Los goles de Coman, el segundo de Müller y el doblete de Lewandowski finiquitaron una eliminatoria cuya vuelta podría parecerse más a un paseo turístico por Estambul, que a un partido de octavos de final de Champions. El Bayern no dejó en el plato ni una sola delicia turca.

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