El Liverpool y el Fútbol Club Barcelona acordaron el traspaso y el brasileño Philippe Coutinho Correia firmó contrato por el club azulgrana. Llegó el día de Reyes a Barcelona, firmó los documentos pertinentes y el club le obligó a quedarse en el hotel para que nadie le viera. El domingo 7 de enero, a las 19:30 de la tarde, tras la disputa del partido Barça-Levante, en la puerta del Auditori 1899 –llovía y no se pudo hacer como manda la tradición, ante el escudo de las oficinas- los medios fotógrafos de Barcelona le retrataron por vez primera como jugador del Barça. Al día siguiente pasó revisión medica y se detectó una lesión evolutiva del recto anterior en la pierna derecha. O sea, que estaba roto.

Volvió a los entrenamientos hace un par de días. Desde que fue presentado, el Barcelona no ha vendido una sola camiseta oficial con su nombre.

“Hemos intentado que el club nos dijera que dorsal llevará para poder confeccionarlas y distribuirlas, pero no hemos tenido respuesta”, aseguraba un alto cargo de Nike, incapaz de estimar el coste que le ha supuesto eso a la compañía. “No hubiéramos llegado a la campaña de Navidad, así que eso mengua la pérdida. Pero sí, evidentemente ha sido uno de los fichajes que más entusiasmo ha causado entre la afición. Desde que llegó Neymar, sin duda es la camiseta que mas interés teníamos en poner en circulación, pero no ha sido posible”, insiste el mismo portavoz de la firma deportiva.

La culpa debe añadirse, claro al club, a la incapacidad de la entidad para tomar decisiones, pero salpica a la superstición del jugador, de Mascherano y de Griezmann. O sea, de todos y de nadie . O sea, de un club que vive a la sombra de Bertomeu. La historia, que ha terminado con el adiós del Jefecito al Barcelona, es esta.

Quedaba libre el dorsal 24, y era una opción: descartada, al parecer, por superstición. “No está muy claro el por qué, pero el jugador dijo que no, que no le gustaba, que el número le traía malos recuerdos”. Total, que no, que el 24 no. Fichó días después el colombiano Yerry Mina y se lo quedó el, sin mayores complicaciones. Lo difícil al parecer será hacerle entender cómo juega a futbol un central del Barça.

Bien, no había mas opción que esperar a una baja: todos los demás estaban ocupados. Y la salida de Arda, (número 7), la de Rafinha (12) y Mascherano (14) eran inminentes… 0 no tanto. Se fue la semana pasada el turco, pero el 7, el club lo quiere guardar, pese a sus desmentidos, para el delantero francés del Atlético de Madrid. O sea, descartado, a no ser que cambien las cosas mañana.

El 12 es un número carente de simbolismo. Descartado. Hasta que se fue Mascherano, alias el Jefecito El 14, el número de Johan Cruyff. Ese vale. Pero en el club, mientras el argentino lloraba y Coutinho ya se entrenaba, seguía sin tomar una decisión. La tomó horas después de la salida de Mascherano. Hasta entonces, Coutinho no tenía número. De hecho, tampoco tiene el alta.

Las cosas, en palacio, van despacio. Aunque en Nike se suban por las paredes. Las camisetas están preparadas. Solo faltaba el número de Coutinho.

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