El derbi gallego nunca defrauda. No importa cómo lleguen los equipos, los puntos que les distancien o las sensaciones que transmitan. Cuando asoma en el calendario el derbi, comienza a calentarse el ambiente. Los jugadores afilan el discurso y sacan a pasear la retranca gallega o ese amago de ironía cargada de cinismo que eleva la temperatura en los días previos. Las aficiones se dedican pancartas en los días previos. Puro fútbol. Galicia Caníbal.

A este partido llegan los dos equipos instalados en tierras movedizas. Tres puntos les separan, los que diferencian la inquietud del nerviosismo. Los vigueses son decimoterceros, con 18 puntos, y los coruñeses, decimoséptimos con 15, se asoman al borde del precipicio del descenso. Por eso quien caiga derrotado en el derbi saldrá con un cornada de dos trayectorias. Si ganan los deportivistas, meterán en el barro a los vigueses y si vencen los olívicos enterrarán a los herculinos en el fondo de la tabla y tomarán oxígeno.

Como todos los derbis, los prolegómenos han sido suculentos. Lucas ha mandado un mensaje a Abel Caballero, alcalde de Vigo y uno de los pirómanos habituales de estos clásicos. El edil inauguraba una pantalla gigante en una plaza de la ciudad advirtiendo: «Aquí veremos el 0-3 en Riazor». El delantero no se ha mordido la lengua y después de elogiar al Celta le mandaba un recado a Caballero: «Que se preocupe de que no se inunde Balaídos todos los años y de que no se le vaya el Celta de la ciudad». A la línea de flotación. Otro tribunero clásico en este tipo de partidos, el deportivista Luisinho, ha echado gasolina al derbi al declarar: «Es normal que el Celta se sienta un poco importante por venir a Riazor. Es como cuando nosotros vamos a jugar contra el Barcelona o el Madrid».

Desde la orilla celeste no se ha querido entrar al trapo. Así, Iago Aspas, el celtiña más inflamable, rebajaba el tono sin entrar al trapo. «Sé que en A Coruña no me van a recibir con flores», apuntaba, pero luego lanzaba un pellizco a los herculinos al referirse al Deportivo como «el Coruña». Insultos sordos que escuecen más en las distancias cortas.

En Vigo tienen la sensación de que el equipo juega mejor de lo que delata la clasificación, pero después del empate en el Camp Nou los celtiñas han perdido en Valencia y con el Villarreal en Balaídos. En A Coruña la parroquia deportivista vive con inquietud el devenir tortuoso de su equipo, que no acaba de estabilizar el rumbo. Preocupa especialmente la fragilidad defensiva y la inestabilidad de la portería local, que les ha llevado a encajar 31 goles (los segundos más goleados de la Liga).  Con este panorama llega un derbi gallego de urgencias que promete más tensión que calidade. Galicia se polarizará a las seis de la tarde mientras España aún hierve con los rescoldos del Clásico. Morra o conto.

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